The August Virgin ★★★★★

Siempre he admirado el inicio de la película de Philippe Garrel 'Le vent de la nuit' porque con solo ver a Catherine Deneuve subiendo unas escaleras durante unos segundos eres capaz de comprender toda la carga emocional del personaje, e inmediatamente deseas acompañarla durante más tiempo. En 'La virgen de Agosto', Eva llega sudando a su nueva casa, bebe con ansia un vaso de agua y, tirada en el sofá, se desabrocha la camisa. La duración de ese plano es considerablemente larga. Eva respira hondo, y es como si Jonás hubiera aceptado al fin que su cine es, sobre todo, un cine de gestos. Por eso, quizás, películas "sobre la marcha" como 'Los exiliados románticos' adolecían de una falta de depuración formal y narrativa que, a pesar de lo bello de la propuesta, acababan por entorpecer el visionado de la película. Aquí no hay más que fijarse en cómo el personaje de Vito Sanz entra en plano para notar que Jonás Trueba, a pesar de rodar en un escenario difícil -no hay reconstrucción de las fiestas, por lo que es imposible dirigir a los personajes que se mueven en el fondo del encuadre- tiene todo controlado a la perfección, aunque no deje nunca de cederle algo de espacio a lo azaroso. Aquí se alcanza el equilibrio perfecto entre control y casualidad porque la cámara de Jonás solo sabe acercarse con respeto y cariño hacia todos sus personajes, "pelea" por los primeros planos, se aproxima a lo imprevisto desde la inocencia y no desde el prejuicio.

Jonás ha conseguido desproveer a su cine de toda simbología posible. Cree, como Rohmer, en un cine hablado en el que la palabra está en relación con el dinamismo del plano más que con la imagen en sí. Aquí los símbolos funcionan como falsas figuraciones en las que proyectarse. Ningún personaje de la película sabe qué hacer con su vida, pero es Eva quien busca la calma en lo simbólico (la Dama de Elche, las Lágrimas de San Lorenzo, una turista desconocida, una banda de música, Popea, una película...) hasta abrazar lo indeterminado, lo más abstracto, (el reiki), donde caben múltiples significados posibles. Hay una excesiva lectura de los acontecimientos por parte del personaje de Eva que no impulsa, pero desde luego sí cataliza su frustración. No en vano, le dice a Agos en una escena: «y ahora, dime el texto» como si todo tuviera el peso de un símbolo a descodificar. [¿es una película sobre la búsqueda de significados?] Esto justifica uno de los recursos menos naturales de la película: la aparición momentánea de la voz en off.
Si en "La reconquista" pesaban los momentos previos a la despedida, en los que el tiempo parecía suspenderse, "La virgen de agosto" reposa sobre la etapa posterior -acaso la preparación para otra nueva despedida-, sobre la apertura de posibilidades, la exploración de lugares por los que has pasado mil veces pero que no conoces en realidad o los encuentros con desconocidos, pero también la vuelta (intencional o no) hacia ciertas personas del pasado.

El tiempo en esta película se dilata: hay días que parecen semanas y otros que quedan reducidos a una frase incompleta. Eva-o-Ave tiene la audacia de quedarse en Madrid en agosto y hace de ello un acto de fe. Los versos de Juan Antonio González Iglesias que abrían 'La reconquista' encajan a la perfección con su decisión: «Pongo mi corazón en el futuro. / Y espero, nada más.»

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