Midsommar ★★½

La naturaleza destructiva de las sectas y la manera en que adoctrina a sus simpatizantes parece ser, a mi juicio, el punto de partida de 'Midsommar', la segunda película del director Ari Aster tras la irregular 'Hereditary'. Aster, quien está catalogado como el nuevo profeta del género del terror (algunos ya lo consideran un autor de primer orden), le confiere a la película componentes estéticos que logran cristalizar, con muchos significados impresos en el encuadre, las costumbres macabras en las entrañas de un culto pagano, mostrando el horror visceral a plena luz del día, en unos campos en los que predomina el vestuario y un decorado extravagante, a partir de una tragedia familiar que resquebraja la psicología de la joven Dani que interpreta Florence Pugh. Aunque percibo que es interesante la idea con la que se narra la historia, no puedo de decir lo mismo de la ejecución, pues retratando los problemas de Dani se vuelve reiterativa, baladí, poco emocional al desarrollar a unos personajes acartonados sin textura psicológica y las situaciones colocadas de antemano para producir provocaciones con las que, dicho sea de paso, permanezco indiferente.

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