Sleep Has Her House

Sleep Has Her House ★★★★★

A pesar de la luz

Texto conmemorativo por el quinto aniversario de Sleep Has Her House disponible completo aquí.

Fragmento:

Ver Sleep Has Her House por quinta vez en su 5º aniversario ha generado una serie de preguntas y respuestas nuevas. Siempre sucede que, al volver a esta obra maestra, parecen surgir una serie de cambios resultado de la naturaleza propia del film. Cambios en el montaje, en los detalles, en las transiciones y en el orden de las imágenes cuya imposibilidad (la película no varía) se acerca a lo insospechado, al sueño vívido y al recuerdo débil resultado de un estado de suspensión y/o asombro indescriptibles. Cada año sucede lo mismo… ¿Será que la película de Scott Barley, su único largo hasta la fecha (aunque no por mucho tiempo) es capaz de reinventarse en su objetiva estabilidad? ¿Es que acaso puede la obra cambiar con cada visionado? Desde el recuerdo se esperan momentos, destellos o planos inolvidables como el segundo que aparece en el film, un zoom out que muestra una cascada fantasmal y nos prepara para el resto del metraje, dando origen a la cadencia y ritmo que van a liderar el tiempo mismo. Capas y capas de imagen inmóvil y en movimiento que sugieren, al fijarse en cada mínimo detalle, que la conjunción de elementos genera un paisaje tan soñado como animado (en su primera acepción; dotado de vida), un plano que son varios y que también es una pintura en movimiento que penetra en el mundo imaginal. Otras composiciones inolvidables, como el cielo crepuscular que viene tras la imagen de un cielo estrellado mediante un corte del que Barley puede sentirse orgulloso. Ese corte es de los que se escuchan, de los que sacuden el alma y el cuerpo. El plano del cielo iluminado funciona como ruptura (una de pocas pues, los momentos de cambio drástico en la película están realmente calculados y medidos) desde la secuencia de investigación contemplativa del bosque apacible en su nocturnidad, en el que los brillos se mezclan con los clamores nocturnos y se consigue llegar al «octavo clima». El corte anula la oscuridad y deja aparecer la luz indirecta reflejada en las nubes que se mueven en torno a vórtices divinos. Ese cielo naranja impregna a los planos inmediatamente posteriores con su color, los dota de un cambio en sus esencia material que denota el cambio producido en el drama (porque a pesar de no haber ni un solo personaje, la película de Barley es narrativamente dramática al tiempo que pictóricamente poética).

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