Satantango

Satantango ★★★★★

"Los caballos han vuelto a salirse del matadero"

Sorprendentemente muchísimo más accesible de lo que pudiera parecer (para el que tenga tolerancia a los planos largos y para el que tenga una tarde o dos libres). Puede parecer una tontería, pero es increíble la cantidad de cosas que caben en siete horas y lo bien que las aprovecha esta épica apocalíptica sobre la miseria humana.

Apenas abarca a un pequeño puñado de personajes de un pueblo perdido y moribundo de la Hungría post comunista, pero el tono severo e implacable de Tarr hace que parezca que esas personas son El Mundo, y que sus miedos y sus miserias son los miedos y las miserias de todos los que estamos atados a este sitio. Son siete horas en las que Tarr aprovecha para diseccionar sistemas económicos, políticos, sociológicos y religiosos como si estuviese escribiendo el tratado sobre La Condición Humana más desolador jamás concebido. No sé cual es la ideología de Tarr, pero está más que claro que no tiene mucha fe puesta en nadie. No es que el hombre no tenga sus motivos.

"Satantango" parece una gélida versión revisionista del Éxodo donde "el pueblo elegido" esta esclavizado porque no tiene el valor suficiente para valerse por sí mismo y necesita a un mesías (un pastor, un dueño) que, condescendientemente, acceda a liderarlos. Esta no es una película amable, eso es seguro, pero su discurso existencial sobre nuestro odio a la libertad y a la responsabilidad es más que necesario. No soy de los que piensa que antes la gente fuera mejor ni nada de eso. Estoy seguro que la cantidad de miseria se ha mantenido estable a través de los tiempos, las culturas y los sistemas políticos y económicos. No hay aquí ni un ápice de "palmadita en la espalda" al espectador porque es esa palmadita en la espalda la que hace que no seamos capaces de vivir en sistemas complejos como el comunismo o el anarquismo. Esta es una película especialmente crítica con nosotros, los que necesitamos que nos reconozcan y nos aseguren para hacer las cosas bien en vez de hacer las cosas bien porque hay que hacerlas bien. Es una película especialmente crítica con la cultura de la masturbación y la satisfacción del ego. No solo no somos importantes, si no que esa necesidad de sentirnos importantes y necesarios es toxica. Es puro antiguo testamento mirado desde los ojos de un dios al que no le caemos bien porque estamos todo el día quejándonos y compadeciéndonos de nosotros mismos y preguntándonos que por que nos pasan cosas malas si no nos la merecemos. Resulta que nos las merecemos. Resulta que las buscamos. Somos adictos a nuestra pena.

Para Tarr el cielo no existe, pero vaya si existe el infierno. Es un tipo de pensamiento que admiro profundamente. No merecemos recompensas por hacer las cosas bien. Hacer las cosas bien es su propia recompensa. Pero claro que merecemos castigo por hacerlas mal (paradójicamente también pienso que “el castigo” como sinónimo de “la justicia” es otro aspecto toxico de nuestras sociedades, pero eso, mejor, para otro día). Es fácil pensar que los sistemas fallan por culpa de "los demás", en vez de pensar que los sistemas fallan porque nosotros dejamos que haya gente en el poder en vez de aceptar nuestra responsabilidad individual. “Para que no se lo lleven los gitanos”, dicen mientras destrozan sus muebles al irse del pueblo. Los pobres que odian a los que son más pobres, igual que a los que son más ricos, de la misma manera que los ricos odian a los pobres y a los que son más ricos. Esta es una película que va en contra del espectador porque la única forma de hacer las cosas bien es recordar de vez en cuando que hacemos cosas mal. No hay corrección en la autosatisfacción.

En uno de sus mejores fragmentos, el pueblo devuelve al "cacique" el dinero que han estado ahorrando durante todo un año para poder salir de allí. El dueño del pueblo lo consigue tras soltarles un discurso sobre su irresponsabilidad y sobre su cobardía. Y lo hace en el funeral de una niña. Lo peor es que lleva razón, pero el pueblo, en vez de aceptarlo y corregirlo, decide volver a delegar el poder en el dueño. Aun peor, el dueño solo hace esto para justificarse frente al gobierno. Nadie es libre. Todos odian la libertad. No es solo que no aprendamos, es que no aprendemos a aprender. Es una película en la que al final todo sigue igual porque permitimos que todo siga igual. Porque queremos que todo siga igual. Estamos enamorados de nuestras miserias porque las conocemos y no sabemos qué hacer sin ellas. No es una película en contra del comunismo, pero es una película que explica porque este no funciona y porque las figuras dictatoriales si funcionan. De nuevo, no es una película amable. En absoluto. “Sombría” apenas rasca la superficie.

Al final, "Satantango" parece insinuar que el mundo se está acabando. Es una sensación que está presente desde el principio, pero el último fragmento parece terminar de confirmarlo. Como en la infravaloradisima "Kairo", el apocalipsis no llega de manera espectacular. Llega sin que nadie lo vea, sin que nadie se dé cuenta. Llega como los personajes de este pequeño pueblo viven, de manera apática y apagada. "¿Por que las cosas no pueden seguir igual?" se preguntan varios personajes a lo largo de la película. ¿Por qué el mundo no nos perdona nuestros pequeños males? Esto es lo que pasa cuando un millón de pequeños males se suman a lo largo del tiempo. Esto es lo que pasa cuando no aceptas ser tu propio mesías. Cuando necesitas un salvador externo. Un jefe. Un dios. Te perdonas y te justificas tus propios males porque los delegas en los que están por encima tuya. “Yo hago esto mal, pero” Esto es lo que pasa. Es más fácil pensar que son "los otros" los responsables de El Mal que pensar que no habría mal si nadie delegase sus decisiones en los demás y todos fuésemos responsables y honestos con nuestras acciones.

Podriamos hablar de sus prodigios técnicos o su relevancia artística o cualquiera de esas cosas. Podriamos compararla con Tarkovski, con Bresson (Mouchette parece un pequeño presagio de esto), con Haneke o con Dreyer y establecer paralelismos y disonancias formales y temáticas. Pero esta es una película con tal contenido temático que me parece hasta innecesario. Hay críticas y análisis mucho mejores ahí fuera explicando todo eso, estoy seguro. Al final, lo que me interesa realmente de las obras (de ciertas obras, al menos. Cada obra es su propio mundo a explorar) no es ni lo que me están contando ni como me lo están contando, si no lo que me están intentando decir. Y en estas siete horas, Tarr dice una cantidad increíble de cosas. Y durante siete horas, deberías intentar escucharlo.

Feliz año.

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