La Ciénaga

La Ciénaga ★★★★★

“Hay que hablar porque sino después es peor. Sino después las historias se repiten”.

Cada vez que la veo me gusta más y le encuentro más y más detalles. Cada sonido, cada imagen y cada palabra de La Ciénaga narra. Detrás de todos sus elementos se esconde el agobio, el cual encierra a cada uno de los personajes, tanto a grandes como a chicos. A los grandes porque "ya han vivido" (por lo tanto sufren y han sufrido) y a los chicos por la amenaza latente de convertirse en ellos.

Mecha, alcohólica y depresiva, se la pasa todo el día en la cama (al igual que lo hacía su madre) viendo la aparición de la Virgen en el pueblo por televisión. En la escena final, su hija desea ver esos milagros con sus propios ojos y parte hacia el lugar pero, tras la decepción de no lograrlo, vuelve a casa y se recuesta en la reposera. La película termina con las dos hijas de Mecha en la misma posición que los adultos al comienzo. Esta trágica relación entre principio/final evidencia lo imposible que resultará para la nueva generación escapar de la pesada herencia familiar.

Esta amenaza o miedo de convertirse en el otro no sólo está presente en la familia directa de Mecha, sino también en el hijo de Tali (interpretada por otra Mercedes, Mercedes Morán). Este niño, que juega a dejar de respirar (otra vez el agobio/ahogo), en el final terminará tirado en el piso al igual que Mecha al comienzo, por culpa de no hacerle caso a su madre y subirse a la escalera. Esto se anticipa al comienzo, cuando Tali les dice a sus hijos: "Cuando les digo que hagan caso, ustedes hagan caso. Pobre Mecha, si le hubiese hecho caso a la madre no se hubiese casado con este hombre".

Una casa rota como la vida de los personajes. La lámpara se apaga, el agua de la pileta está podrida y el filtro no funciona. El calor es sofocante y no se detiene nunca, sin importar la cantidad de hielo que le eches a la bebida.

Micaela liked these reviews