Lake Mungo

Lake Mungo ★½

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Es extraño que una mockumentary de 2008 se sienta tan anacrónico en su representación ficticia del material encontrado. Lake Mungo debe de ser una de las aproximaciones más boomer al creepypasta que recuerdo -más evidente si piensas en Marble Hornets, estrenada al año siguiente-. Su representación del fantasma como una figura estática al fondo del pasillo; una mujer de pelo largo y mirada fija que es apenas perceptible por mal estado del material, es absurdamente poco creativa al ser comparada con las falsificaciones que pueden encontrarse por Internet en cualquier foro del género. Esta pega a la falta de elementos creativos en su exposición del terror sólo se acrecienta en su forma de documental Sundance-bait. Las cabezas flotantes son el recurso más aburrido del mundo, porque suelen ser cuadros compuestos como planos y contraplanos de telefilms de encargo. Su montaje se siente acelerado, incapaz de crear ningún tipo de ambiente hasta el punto ridículo de acelerar las escenas de paisajes con la técnica del timelapse -sobre todo en una película donde el espacio es tan esencial, desde la casa de la familia al lago donde se encuentra el cadáver de Alice. Su forma de retratar el paisaje y el espacio vacío es de estética de postal, incapaz de acercarse a obras como Sleep Has Her House o House de Ben Rivers-. Hacía tiempo que no veía una película que se sintiese tan falta de soluciones expresivas. Es el peor tipo del falso documental, el que se adhiere a los parámetros más obvios y clásicos acercándose peligrosamente al reportaje. 

Me genera hasta problemas su confusa estructura de guión, redirigiendo el foco de atención con giros que crean pequeños arcos narrativos para completar todo el relato. Genera en mí un sentimiento de reinicio, de volver a comenzar desde otra perspectiva el mismo luto y la confusión familiar. Esto mezclado con el constante subrayado de sus temas acaba convirtiendo la película en algo reiterativo, un constante ciclo del que le cuesta salvo en sus últimos minutos. Otra historia sería si los giros fueran reformulaciones de las propias dinámicas de la película, formando un retrato caleidoscópico de la familia Palmer y su trauma…. Pero no, no lo siento así, vuelvo a ver una falta de soluciones creativas, un estancamiento formal que no es beneficioso para la película. Un acomodamiento en sus códigos que más que crear tensión se rinde al tedio.

La idea del final del fantasma del futuro sí me interesa. Me recordó al guión de Nigel Kneale para la BBC, The Road -donde unos fantasmas de una bomba nuclear se aparecían en la Inglaterra del S. XIX-. Esta forma de entender el fantasma como un ente ajeno a la temporalidad causal humana es fascinante. Es una genuina vuelta al fantasma y a cómo funciona el luto y la memoria en las familias. Estos últimos diez minutos de la película son su mejor punto. 

La figura del fantasma es tan común en distintas culturas por nacer de distintos miedos. Es el miedo de que los muertos puedan volver, a no poder acceder a un más allá, el de que los muertos hablen más de lo que algunos desean y, en su visión más catártica, es una representación sobrenatural del luto. En Lake Mungo es difícil identificar si sus personajes sienten miedo del fantasma o desean que este siga ahí. El fantasma se convierte una presencia deseada frente a la ausencia de un ser querido. En ese sentido es muy interesante como entiende que cualquier representación de un fantasma es la vivencia de una ausencia. Su formalismo televisivo, su ausencia de herramientas creativas es lo que acaba provocándome un genuino desinterés. En general, es la versión descafeinada y resumida de lo que podría haber sido Twin Peaks de no haberla dirigido Lynch.

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